Pocas regiones del mundo tienen una relación tan antigua, profunda y contradictoria con el cannabis como el subcontinente indio. Allí la planta ha sido ofrenda a los dioses, medicina tradicional, compañera de místicos sufíes, fuente de impuestos para un imperio y, finalmente, sustancia prohibida. India y Pakistán compartieron esta historia hasta 1947. Desde entonces, sus leyes han tomado caminos distintos, pero en la calle, en los templos y en los santuarios las tradiciones siguen sorprendentemente vivas. De planta sagrada a sustancia prohibida El cannabis crece de forma silvestre en las laderas del Himalaya y del Hindu Kush, así que no es extraño que aparezca en los textos más antiguos de la región. El Atharva Veda, compuesto hace unos tres mil años, cita el bhang entre las cinco plantas sagradas capaces de liberar de la angustia. Algunos estudiosos incluso han especulado con que el soma, la bebida divina de los himnos védicos, fuera cannabis, aunque esa teoría nunca ha logrado consenso. Plantas de cannabis en un valle indio