Lista de contenidos
- De planta sagrada a sustancia prohibida
- La mirada europea y el negocio colonial
- La separación de la India y Pakistán
- Hachís en el norte, hierba en el sur y bhang en las fiestas
- El ritual del chillum
- Tambores y trance en los santuarios sufíes
- De Manali a Jamaica
- Prohibido para fumar, abierto para la medicina y la industria
- India: prohibición con excepciones
- Pakistán: del hachís al cáñamo regulado
- Una tradición que sobrevivió a la prohibición
Pocas regiones del mundo tienen una relación tan antigua, profunda y contradictoria con el cannabis como el subcontinente indio. Allí la planta ha sido ofrenda a los dioses, medicina tradicional, compañera de místicos sufíes, fuente de impuestos para un imperio y, finalmente, sustancia prohibida. India y Pakistán compartieron esta historia hasta 1947. Desde entonces, sus leyes han tomado caminos distintos, pero en la calle, en los templos y en los santuarios las tradiciones siguen sorprendentemente vivas.
De planta sagrada a sustancia prohibida
El cannabis crece de forma silvestre en las laderas del Himalaya y del Hindu Kush, así que no es extraño que aparezca en los textos más antiguos de la región. El Atharva Veda, compuesto hace unos tres mil años, cita el bhang entre las cinco plantas sagradas capaces de liberar de la angustia. Algunos estudiosos incluso han especulado con que el soma, la bebida divina de los himnos védicos, fuera cannabis, aunque esa teoría nunca ha logrado consenso.

Con el tiempo, la planta quedó unida a Shiva, el dios asceta que, según la tradición, la consumía en su retiro himalayo. La medicina ayurvédica, por su parte, la empleó durante siglos con el nombre de vijaya ("la victoriosa") para aliviar el dolor, abrir el apetito o combatir el insomnio.
Con la llegada de las dinastías musulmanas, el cannabis encontró un nuevo hogar espiritual en el sufismo. Órdenes de derviches errantes, como los qalandars y los malangs, lo usaban como vía hacia el éxtasis místico. En las cortes mogolas era habitual el majun, un dulce elaborado con cannabis, azúcar, ghee y frutos secos. El propio Babur, fundador del Imperio mogol, dejó constancia en sus memorias de reuniones en las que se servía.
La mirada europea y el negocio colonial
El médico portugués Garcia da Orta describió el bhang en Goa en 1563, en uno de los primeros textos europeos sobre la planta. Casi tres siglos después, el irlandés William O'Shaughnessy, destinado en Calcuta, publicó en 1839 los estudios que introdujeron el cannabis en la medicina occidental.
Los británicos no prohibieron el cannabis: lo convirtieron en negocio. Desde finales del siglo XVIII, la ganja, el charas y el bhang pagaban impuestos y requerían licencias de cultivo y venta. En Bengala llegó a existir una zona dedicada casi exclusivamente a producir marihuana bajo control estatal.
Cuando los movimientos de templanza presionaron en Londres, el gobierno colonial creó la Comisión de Drogas del Cáñamo Indio (1893–1894). Tras entrevistar a cientos de testigos, su informe, de miles de páginas, llegó a una conclusión sorprendente para la época: el consumo moderado no causaba daños significativos y prohibirlo sería injusto e inaplicable. Recomendó controlar y gravar, no prohibir. Durante décadas, esa fue la política.

La separación de la India y Pakistán
Tras la independencia y la partición de 1947, ambos países heredaron el mismo marco colonial, pero el contexto internacional empezaba a cambiar.
India negoció con habilidad la Convención Única de la ONU de 1961. Consiguió que la definición de cannabis incluyera solo las flores y la resina, y no las hojas ni las semillas, lo que dejó a salvo el bhang. También obtuvo un plazo de 25 años para acabar con el uso tradicional. Cuando ese plazo se agotaba, y bajo fuerte presión de Estados Unidos, el gobierno de Rajiv Gandhi aprobó en 1985 la Ley NDPS, que prohíbe la marihuana y el charas en todo el país.
Pakistán endureció su postura en 1979, con la islamización impulsada por el general Zia ul-Haq. La guerra de Afganistán convirtió después la frontera en un gran corredor de hachís y heroína. La ley vigente, la Ley de Control de Sustancias Narcóticas de 1997, castiga con dureza la producción, el tráfico y la posesión.
Hachís en el norte, hierba en el sur y bhang en las fiestas
En el subcontinente no se habla simplemente de "cannabis". Hay tres productos distintos, cada uno con su geografía y su significado social.
Bhang: el cannabis que se bebe. Se prepara machacando hojas en una losa de piedra hasta obtener una pasta verde, que luego se mezcla con leche, yogur, especias o frutos secos. Se toma como bhang lassi, como thandai (leche con almendras, hinojo y cardamomo) o en bolitas dulces. Es la forma más aceptada socialmente: para muchas familias hindúes no es una "droga", sino una bebida festiva y devocional. Su gran momento es Holi, la fiesta de los colores, sobre todo en ciudades sagradas como Varanasi o Mathura.
Bhang Lassi, leche de cannabis
El Bhang Lassi es una bebida muy popular en India, hecha a base de leche, cannabis, miel, semillas y especias, originalmente preparada para un uso espiritual y religioso pero que durante las últimas décadas ha visto su popularidad aumentada enormemente, en especial debido al turismo.
Charas: el hachís del Himalaya. Es la resina de la planta, y aquí hay dos tradiciones muy diferentes. En el Himalaya indio (Himachal Pradesh, Cachemira) se obtiene frotando con las manos las flores de la planta viva: la resina se acumula en las palmas y se enrolla en bolitas oscuras y blandas. Es un método lento y artesanal, que dio fama mundial a la aldea de Malana, en el valle de Parvati. En Pakistán y Afganistán, en cambio, domina el tamizado de la planta seca: el polvo resultante se prensa y se calienta hasta formar placas negras. Ese es el famoso hachís paquistaní, con el valle de Tirah y la región de Peshawar como zonas emblemáticas. En Pakistán el charas es, con diferencia, la forma más común de consumo, y suele fumarse mezclado con tabaco en cigarrillos vaciados.
Charas: los orígenes del hachís
Hoy te contamos todo sobre el tipo de hachís más antiguo de la Historia, el charas. Como verás, se trata de una manera tradicional de separar la materia vegetal de la resina que todavía hoy se sigue utilizando en algunas zonas del planeta como Nepal o el norte de India. ¡Descubre todos sus secretos con nosotros, desde sus orígenes hasta los tipos de charas más conocidos!
Ganja: la flor. Es más tradicional en el este y el sur de India: Bengala, Bihar, Odisha, Andhra Pradesh y Kerala. Los británicos incluso la clasificaban por su forma: flat ganja (flores aplastadas pisándolas), round ganja (enrolladas a mano) y chur (fragmentos sueltos). En Kerala, la variedad conocida como "Idukki Gold" alcanzó categoría de leyenda.
Así que en el norte y en Pakistán manda el hachís; en el este y el sur de India, la hierba; y el bhang es un caso aparte, comestible y festivo.
El ritual del chillum
Los sadhus, ascetas hindúes errantes, fuman charas o ganja en el chillum, una pipa cónica de barro. El ritual tiene su propia etiqueta. Se envuelve la base con un paño húmedo que hace de filtro, se alza la pipa hasta la frente como ofrenda y se invoca a Shiva con un "¡Bom Bholenath!" antes de aspirar. El chillum nunca toca los labios y siempre se comparte en círculo. Estas escenas se multiplican en festivales como la Kumbh Mela o Mahashivaratri, la gran noche de Shiva.

Tambores y trance en los santuarios sufíes
En Pakistán, el cannabis está ligado a los santuarios de los santos sufíes más "extáticos". En Sehwan Sharif, en el santuario de Lal Shahbaz Qalandar, el humo del charas acompaña al dhamaal, una danza en trance al ritmo de enormes tambores. En Lahore, las noches de jueves en el santuario de Shah Jamal se hicieron célebres por la misma combinación de música, baile y charas. Para los sectores religiosos más ortodoxos, estas prácticas son un escándalo. Esa tensión entre el islam popular de los santuarios y el islam normativo atraviesa toda la cultura paquistaní.
También los nihang, guerreros sijes del Punjab, mantienen la tradición de beber sukha, un preparado de bhang con almendras y especias de fuerte carga ritual.
Uso espiritual, religioso y tradicional de la marihuana
En esta ocasión os presentamos un post en el que destacamos la relación entre las diferentes culturas y religiones que existen en nuestro planeta que usan la planta de marihuana de un modo medicinal, lúdico o religioso.
Durante siglos existió una jerarquía moral clara. El bhang era religioso y respetable, mientras que fumar ganja o charas se asociaba a ascetas, campesinos, jornaleros y conductores de rickshaw, que lo usaban para soportar el cansancio y el hambre. Las clases medias urbanas lo miraban con recelo.
Hoy el panorama cambia. En Delhi, Mumbai, Bangalore, Karachi o Lahore, muchos jóvenes con poder adquisitivo prefieren flores de variedades importadas o de cultivo interior, asociadas a la cultura global del cannabis, frente al charas "de toda la vida".
De Manali a Jamaica
En los años sesenta y setenta, la ruta hippie convirtió Manali, el valle de Parvati y Goa en destinos míticos para viajeros occidentales, y el charas himalayo ganó prestigio internacional. Aldeas como Kasol siguen viviendo en buena parte de ese turismo.
Y un dato curioso: la palabra "ganja", de origen sánscrito, llegó a Jamaica en el siglo XIX con los trabajadores indios llevados a las plantaciones británicas. De ahí pasó al vocabulario rastafari y, con el reggae, al mundo entero.
Prohibido para fumar, abierto para la medicina y la industria
Actualmente, las leyes (y la tolerancia hacia ellas) han evolucionado y, si bien el consumo recreativo y el comercio están prohibidos, se abren nuevas vías en los sectores médico e industrial.
India: prohibición con excepciones
A nivel nacional, la Ley NDPS de 1985 sigue plenamente vigente. La marihuana y el charas están prohibidos en todo el país: la posesión de pequeñas cantidades puede suponer hasta un año de prisión, y las cantidades comerciales, entre 10 y 20 años.
Pero la ley deja dos puertas abiertas:
- El bhang, al estar hecho de hojas, queda fuera de la definición legal de cannabis. Por eso existen tiendas de bhang con licencia estatal en lugares como Rajastán, Uttar Pradesh o Varanasi.
- El cultivo con fines industriales, médicos y científicos, que los estados pueden autorizar. Uttarakhand fue pionero con el cáñamo industrial, seguido por Uttar Pradesh y Madhya Pradesh. El paso más ambicioso lo ha dado Himachal Pradesh, que en 2026 aprobó normas para conceder licencias de cultivo, procesamiento y fabricación de cannabis con fines medicinales, científicos e industriales, excluyendo expresamente el charas y la ganja.
Aun así, no hay en marcha ningún proyecto nacional para legalizar o despenalizar el uso recreativo. El cambio, por ahora, avanza estado a estado y solo en el terreno del cáñamo y la medicina.
Pakistán: del hachís al cáñamo regulado
El uso recreativo sigue siendo ilegal bajo la Ley de Control de Sustancias Narcóticas de 1997, y la Fuerza Antinarcóticos mantiene una fuerte presión sobre el tráfico, especialmente en la frontera afgana.
Sin embargo, el país ha dado un giro llamativo:
- 2020: el gobierno federal aprobó el cultivo de cáñamo con fines industriales y medicinales.
- 2024: se creó la Autoridad de Control y Regulación del Cannabis (CCRA), primero mediante una ordenanza presidencial y después con una ley aprobada por la Asamblea Nacional en septiembre de ese año. Este organismo concede licencias de cultivo, producción y uso industrial, válidas por cinco años.
- 2026: la CCRA inauguró su sede en Islamabad, con financiación aprobada por el gobierno federal.
El objetivo declarado es reducir el tráfico ilegal, mejorar los ingresos de los agricultores y crear una industria de productos medicinales e industriales.
Una tradición que sobrevivió a la prohibición

La historia del cannabis en India y Pakistán es la de una planta que pasó de lo sagrado a lo fiscal, y de lo fiscal a lo prohibido, sin que la prohibición lograra borrar su lugar en la cultura. Hoy ambos países se mueven, con cautela, hacia una apertura centrada en el cáñamo y la medicina, mientras el bhang de Holi, el chillum de los sadhus y el humo de los santuarios sufíes recuerdan que aquí el cannabis fue tradición mucho antes de ser un problema legal.


